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¡Una poquita educación, redios!
Estoy bastante decepcionado. No hay día que no monte en un autobús urbano y no sea testigo de un espectáculo lamentable de egoísmo y mala educación. Si sube un chico un poco mayor que yo, con un bebé de, por lo menos, quince kilos en los brazos, ¿Como coño es posible que nadie se levante y le ceda su asiento? ¿a dónde vamos a llegar?. Y si sube un hombre con muletas y con una movilidad bastante reducida, ¿por qué solo es una señora mayor la que se levanta para dejarle el sitio libre? ¿qué pasa con las más de treinta personas que estaban sentadas?
Yo lo último que quiero es hacerme el buena persona, ni el hippie pacificador, ni nada así. Pero si yo puedo levantarme cuando un señor mayor sube al autobús, una niñata de catorce años cotorreando por el móvil y no diciendo más que sanceces también puede. Así como un tio trajeado de cuarenta. Esto se llama de una forma: sentido común.
Como zaragozano orgulloso que soy, no me explico como en una sociedad como en la que vivo, se puede tolerar este tipo de comportamiento. ¿Qué estamos enseñando a los chavales jóvenes?
La nueva moda de compartir la música (no es un artículo sobre p2p)
Estamos en una época en la que casi todos los teléfonos móviles modernos disponen de reproductores de música para poder ahorrarnos llevar otro dispositivo más en el bolsillo (aunque es más fácil que me separe de mi móvil que de mi iPod :P). Estos móviles sacan el sonido por los auriculares que, en algunos modelos, te incluye el propio terminal, o por los altavoces del móvil. Y aquí está, queridos lectores, el problema: en la gente que comparte su música conmigo cuando voy en el autobús, espero en la cola para el cine, etc.
Ya hablé en la Ciudad Nodriza sobre esto, pero el problema persiste y tengo ganas de desahogarme de nuevo, y además, ayer fue mucho más grave. Estaba en el bus y entrado una panda de energúmenos haciéndose los listos, molestando a algunas chicas que había sentadas diciendoles barbaridades propias del mayor de los hijos de puta como "te voy a quitar esa seriedad con la punta de la ****", y cosas así. Usando una frase gloriosa de mi primo, diciendo cosas así se ahorran tener que pensar.
Lo verdaderamente molesto vino cuando uno de estos cafres sacó su móvil (un Nokia 5300, que se caracterizan por tener un potente altavoz) y se puso a reproducir "música" electrónica super ruidosa que, realmente, molestaba a los oídos. Encima había un bebé de no más de 6 meses en un carrito llorando a moco tendido, claramente molesto por la actividad de este hijo de satanás. El padre se puso a mirarlos directamente con cara de muy pocos amigos (sería papá, pero medía metro noventa y les podría haber hecho un ombligo nuevo a cada uno de esos simios. Pues ni por esas; ellos siguieron erre que erre sin parar. Afortunadamente mi parada no tardó y me pude deshacer de la basura, pero a veces me gustaría tener la labia de John Matrix (Arnold Swarzeneger) en "Commando".
La violencia apesta, pero los hijos de puta apestan mucho más.
